Ángel Marcuño nació en Galicia, en una tierra marcada por la tradición artesanal. Desde joven, encontró en el metal y el esmalte una forma de dar permanencia a la belleza.
Formación como artesano
Maestría en orfebrería y técnicas de esmalte
Raíces profundas en la cultura gallega
Visión
El arte como búsqueda permanente
Marcuño no perseguía la novedad, sino la esencia. Su obra buscaba aquello que permanece cuando todo lo demás desaparece. Cada cincelada respondía a una pregunta antigua: la belleza y el tiempo.
El esmalte
Dominó el esmalte como pocos en su generación, trabajando capas que dialogaban con la luz. Sus colores no imponían; revelaban.
Mariñeiro (1968) Repujado y esmalte · 25 x 15 cm
Martirio (1964) Esmalte · 20 x 13 cm
Continuidad histórica
Guardián de una tradición ancestral
Marcuño fue más que un artesano: fue un puente entre la tradición medieval y el presente. Su trabajo preservó técnicas que, de otro modo, habrían desaparecido.
Reconocimiento
Honores que validaron una vida de trabajo
Entre 1945 y 1970 recibió medallas, diplomas y el título de Maestro Nacional. Pero su verdadero reconocimiento fue otro: que su obra fuera vista, comprendida y respetada.
Legado
Una obra que trasciende el tiempo
Sus obras habitan museos, colecciones privadas e iglesias de Galicia. Cada pieza confirma una idea: la belleza verdadera no envejece, se profundiza.
Su Mundo
El círculo que lo formó
Personas, momentos y vínculos que dieron forma a su obra… Detrás de cada obra hubo una vida compartida. Amigos, familia, compañeros de oficio. Un entorno que no solo acompañó… sino que también moldeó su mirada.
Más allá del tiempo
No es solo obra. Es tiempo detenido en metal y esmalte. Una mirada que sigue viva en cada pieza.